JESÚS ES MI ESPERANZA

JESÚS ES MI ESPERANZA

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«Por donde iba —fueran aldeas, ciudades o granjas —le llevaban enfermos a las plazas. Le suplicaban que permitiera a los enfermos tocar al menos el fleco de su túnica, y todos los que tocaban a Jesús eran sanados.»

Marcos 6:56 NTV

La presencia física de Jesús en medio de la humanidad vino a traer esperanza a un pueblo que veía a Dios Padre muy lejano de sus vidas. En los tiempos de Jesús, los líderes religiosos habían hecho creer al pueblo que Dios desechaba a cierto tipo de personas y que los que estaban dentro de ese grupo estaban destinados a la desgracia.
¡Bendito sea Dios Padre por Su infinita misericordia! Él envió a Su hijo para darnos esperanza y enseñarnos que Dios no desecha a nadie, por el contrario, Él busca que nadie se pierda en la desgracia del pecado. Mira lo que dice la biblia:

«Lo que pasa es que Dios es paciente porque no quiere que nadie sea destruido y quiere que todos cambien su corazón y dejen de pecar. «

2 Pedro 3:9 PDT

Jesús vino a cambiar la mentira que se le había dicho al pueblo y dar esperanza por medio de la verdad de Dios, trajo sanidad al desahuciado, libertad al oprimido, revelando que todo el que reconozca y se arrepienta de sus pecados será hecho hijo de Dios.

Puede ser que tengas una vida donde crees que no tienes esperanza, que Dios no te ama, que ya no hay remedio para tu situación, pero te quiero decir algo: acércate a Jesús, toca a Jesús en oración con fe y obediencia, entrégale aquello que te enferma – sea físico o emocional – y recibe la sanidad según Su perfecta voluntad. Recordemos que las cosas posibles las hacemos nosotros (cuidar la salud, alejarnos del pecado) y lo imposible lo hace Jesús.

En este momento nos podemos acercar a Jesús en oración, ¿me acompañas?:

«Oh Jesús, Señor y Salvador del mundo, Hijo de Dios, hoy no puedo tocar físicamente tu túnica, pero me acerco a ti con mi corazón humillado para poder tocar tu corazón y alcanzar sanidad para mi alma, mi cuerpo y todo mi ser. Perdona mis pecados, límpiame con tu sangre, gracias por darme la esperanza que no tenía. Te lo pido en tu precioso nombre, amén. «

-Por Carlos Barboza-